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Inicio > Área Científica > Manuales SEC > Manual de Anticoncepción Hormonal Oral

INDICE



Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16


Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25


Apéndice I
Apéndice II
Apéndice III
Apéndice IV

CAPÍTULO 21
ANTICONCEPCIÓN HORMONAL ORAL
EN PATOLOGÍA GINECOLÓGICA

"La mujer tiene para la enfermedad una entereza de la que carecemos los hombres. El instinto le da una increíble fortaleza. Sabe o adivina que la belleza es el resplandor de la salud"
S. Ramón y Cajal

J. DOMINGO ALVAREZ GONZÁLEZ
EDUARDO A. LÓPEZ-ARREGUI
JOSÉ LUIS DUEÑAS DÍEZ
JORGE PERPIÑÁ CANO

AHO EN LA HEMORRAGIA UTERINA DISFUNCIONAL

La hemorragia uterina anormal (HUA) es una de las causas más frecuentes de consulta ginecológica y es el primer síntoma de un amplio espectro de alteraciones que pueden estar relacionadas o no, con el embarazo, o con patología genital, y que puede incluir enfermedades sistémicas o yatrogénicas (1,2,3) (tabla n.° 1). Una vez descartada la procedencia orgánica es cuando se puede etiquetar la hemorragia, como Hemorragia Uterina Disfuncional (HUD). Su etiología es la alteración del eje hipotálamo-hipófiso-ovárico, que presenta una labilidad de retroalimentación, originando principalmente ciclos anovulatorios y ciclos de fase luteínica deficiente. Este hecho dará lugar, a su vez, a una producción continua de estrógenos, con secreción de progesterona nula o insuficiente, lo que generará una hiperplasia del endometrio que provocará una hemorragia por disociación del estroma y las arterias espirales (4,1,6,7), manifestándose clínicamente con un patrón de sangrado uterino anormal. Las HUD son más frecuentes al inicio y final de la edad reproductiva.


Hemorragia uterina disfuncional (HUD)
Alteración del eje hipotálamo-hipófiso-ovárico


Desequilibrio: Estrógenos-Progesterona

Hiperplasia endometrial

Se considera patrón de sangrado uterino normal (3,8,9), la menstruación y el sangrado ovulatorio. Menstruación es la hemorragia periódica procedente del útero que va acompañada de descamación endometrial, originada por un ciclo ovárico fisiológico. Ocurre en la vida de la mujer durante su edad reproductiva, desde la menarquia hasta la menopausia; dura de tres a cinco días, con un intervalo que oscila entre 21 y 35 días, con una cantidad de sangre inferior a 80 ml (2-6 compresas/día). Sangrado intermenstrual ovulatorio es la hemorragia escasa intermenstrual cíclica, debida a una disminución de estrogenos.

Menstruación




Sangrado intermenstrual ovulatorio

Los patrones de sangrado uterino anormal son: Oligomenorrea es un sangrado abundante con un intervalo de más de 35 días, habitualmente en ciclos anovulatorios por predominio de fase proliferativa. Polimenorrea es un sangrado de características similares a la menstruación con un intervalo inferior a 21 días, habitualmente debido a una fase lútea deficiente. Menorragia es el sangrado que se corresponde con menstruación, pero de intensidad abundante duración de más de 7 días. Hipermenorrea, sangrado que corresponde con la menstruación pero de intensidad superior a los 80 ml. Metrorragia, sangrado que no coincide con la menstruación, dura más de 7 días y su intensidad es variable. Ante una HUD se debe realizar siempre una historia clínica que incluya anamnesis, exploración y analítica base y que ampliaremos según cada caso con el objetivo de descartar una causa orgánica (10,11,12) (tabla nº 2)

 

Clínica de HUD
. Oligomenorrea
. Polimenorrea
. Menorragia
. Hipermenorrea
. Metrorragia

Ante una HUD se debe realizar siempre una historia clínica que incluya anamnesis, exploración y analítica base y que ampliaremos según cada caso con el objetivo de descartar una causa orgánica (10,11,12) (tabla nº 2) Diagnóstico de HUD
Anamnesis
Descartar causa orgánica
Durante la adolescencia (10-19 años) debemos valorar la intensidad de la hemorragia, su repercusión en el estado general y la necesidad de contracepción (tabla nº 3). Si está iniciando sus ciclos y no tiene anemia, tranquilizaremos a la paciente y a su entorno, explicando que se irá regulando de forma espontánea en el plazo de 6 a 24 meses. La repercusión sistémica se controla mediante hemogramas (4,13,14).

 

Adolescencia

Si la pérdida hemática origina anemia, por una parte debemos pautar una dieta adecuada suplementada con hierro oral, y por otra, dismi nuir el sangrado de forma hormonal aportando progesterona en la segunda mitad del ciclo, o administrando AHO si necesita anticoncepción, y no existe contraindicación previa (4,12,13)
Si estamos ante un cuadro severo, se deriva a la joven al hospital para su manejo adecuado. Se elige la hemostasia hormonal vía intravenosa y oral simultáneamente, disminuyendo ésta de forma paulatina hasta conseguir el cese de la hemorragia y la descamación posterior del endometrio, continuando con AHO de forma habitual. Si no responde a esta pauta, indicar legrado instrumentral de la cavidad uterina. Los controles posteriores se efectúan a los 2, 6 y 12 meses, valorando la necesidad contraceptiva (7) (tabla nº 4). Se debe utilizar AHO de baja dosis estrogénica (20 o 30 mcg. de EE) y gestágenos de segunda o tercera generación (3)
Si a pesar del tratamiento con AHO continúa con las hemorragias uterinas, se debe descartar una coagulopatía, siendo la más frecuente (1%) la enfermedad de Von Willebrand (3,15)
En mujeres entre 20 y 40 años son poco frecuentes las HUA, siendo el origen en gran medida reflejo de patología orgánica relacionada prin cipalmente con el embarazo o con patología genital (16). Si se valora como HUD actuaremos como en el caso de la mujer perimenopáusica (tabla n.° 5) De los 20 a los 40 años
En la perimenopausia las alteraciones mens- truales son muy frecuentes y en primer lugar debemos descartar, como venimos diciendo desde el principio, las causas orgánicas para poder etiquetarla de HUD. Este hecho reflejaría la disminución paulatina de la función ovárica (ciclos anovulatorios y deficiencia de fase lútea), llevando a un hiperestrogenismo relativo (5,15) Perimenopausia
Si la paciente presenta HUA desde hace tiempo, o bien de forma aguda, debe ser derivada para la práctica de un legrado diagnóstico-terapéutico (12). A continuación según sus necesidades contraceptivas (ausencia de relaciones, método definitivo, método de barrera...), se valorará la regulación del ciclo con preparados secuenciales o con progesterona en la segunda mitad del ciclo (8,12,15). Si necesita protección contraceptiva y no concurren factores de riesgo y/o contraindicaciones para el uso de AHO, le informaremos de los beneficios no anticonceptivos, y de su uso como anticonceptivo. Si la paciente acepta, se indicarán preferentemente los trifásicos con gestágenos de segunda y tercera generación (17,18)


HUD y AHO

Tratamiento de elección en mujeres sin deseo de gestación y en ausencia de contraindicaciones

El control posterior se hará a los 3, 6 y 12 meses. En caso de que volvieran a aparecer hemorragias, se derivará la paciente para descartar patologia orgánica (legrado, histeroscopia...) (6,11,12) (tabla n.º 6)
Si hubiera factores de riesgo o contraindicaciones, actuaríamos de forma similar a las pacientes que no necesitan contracepción, dando además información sobre métodos de barrera o químicos.

AHO EN INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL

La aproximación de la mujer a la consulta médica en busca de un método anticonceptivo para evitar el embarazo no deseado, debe sensibilizarnos para iniciar una prevención primaria de las infecciones de transmisión sexual (ETS y HIV) o, en su caso, diagnosticarlas y tratarlas lo más precozmente posible y así evitar la aparición de secuelas a medio y largo plazo que pudieran poner en peligro la salud reproductiva de la mujer o incluso su propia vida. Tener presente la prevención del embarazo no deseado al mismo tiempo que la prevención de las ETS/HIV, nos lleva al concepto de "sexo seguro". Debemos realizar una anamnesis enfocada a valorar los riesgos número total de parejas sexuales, número de parejas en los últimos seis meses, en el último mes, relaciones sexuales bajo el efecto del alcohol, en la primera semana de haberse conocido...), lo que nos permitirá orientar a la mujer en cuanto a la asociación de los métodos de barrera con el uso de AHO en caso de riesgo y a la observación de síntomas que permitan un diagnóstico y tratamiento rápido y eficaz, que debe afectar también a la/s pareja/s sexual/es (19,20,21) (tabla nº 7).


AHO y ETS

Riesgo:
. Número total de parejas sexuales
. Número de parejas sexuales actuales
. Consumo de drogas, alcohol
En cuanto a las ETS en mujeres usuarias de AHO, se observa que hay estudios concluyentes en algunos aspectos, y otros realmente confusos. Es difícil interpretar los resultados de manera objetiva debido a la complejidad metodológica y los muchos sesgos existentes (edad, edad de inicio de relaciones coitales, número de parejas, métodos anticonceptivos previos, hábitos sexuales...). También debemos tener en cuenta los cambios anatómicos, fisiológicos e inmunitarios originados por la toma de AHO en el organismo femenino. A saber: el espesamiento del moco cervical, la menor dilatación del orificio cervical, una discreta atrofia endometrial, menor sangrado menstrual, disminución de menstruaciones retrógradas y alteraciones del sistema inmunitario que pueden proteger a la mujer de posibles infecciones. A su vez, hay otros factores que podríamos considerar como favorecedores de los procesos infecciosos, como son el aumento de la ectopía cervical, los sangrados intermenstruales, o las mismas alteraciones del sistema inmunitario (19,20,22) . (tabla nº 8)

AHO y protección ETS
. Espesamiento moco cervical
. Menos dilatación cervical
. Atrofia endometrio . Menor menstruación
. ll menstruación retrógrada
. Efectos inmunológicos

AHO y factores favorecedores
. Mayor ectopía cervical
. Sangrados intermenstruales
. Alteraciones inmunológicas

Vulvovaginitis. Los trabajos que comparan a mujeres usuarias de AHO con mujeres que usan otros métodos o con las que no usan ninguno, reflejan una menor incidencia de vaginosis bacteriana y de Tricomoniasis, así como también una disminución de candidiasis, aunque hasta hace poco se creía que los AHO favorecían estas últimas (19,22,23,24).

Vulvovaginitis
ll riesgo de:
. Vaginosis bacteriana
. Tricomoniasis
. Candidiasis

Cervicitis y Uretritis. En cuanto a las infecciones cervicales y uretrales, como son principalmente causadas por la Chlamydia trachomatis (CT) y la Neisseria gonorrhoeoe (NG), la mayoría de los autores señalan un aumento de infecciones cervicales por CT, aunque a su vez se evidencia una disminución de salpingitis y una reducción de ingresos hospitalarios por este motivo de un 50%, al igual que una disminución del síndrome de Fitz-Hugh-Curtis (lesiones perihepáticas, esplénicas...). Podemos decir que los AHO protegen contra la Enfermedad Inflamatoria Pélvica originada por la CT, y contra su secuela más importante como es la esterilidad, a las mujeres que han usado AHO al menos durante los últimos doce meses (25,26,27,28,29,90,31). Con respecto a la incidencia de las infecciones causadas por NG, no se ve afectada por los AHO, o bien disminuye levemente (19,20,25).

Cervicitis y uretritis

. Menor gravedad de la infección por Chlamydia


. ¿Posible menor gravedad de la infección por Neisseria?

Lesiones genitales virales. Las infecciones vitales más frecuentes, transmitidas por vía sexual, son el herpes genital causado por el VHS 2 y las debidas al virus del papiloma humano (HPV). En el primer caso no hemos encontrado cambios en la incidencia en mujeres usuarias de AHO. En cuanto al HPV, cuyo diagnóstico en citología nos obliga a la observación detallada de la vagina, vulva y periné, dada la multifocalidad de la infección, puede producir las verrugas anogenitales benignas o condilomas acuminados (las ETS más comunes en paises industrializados) causados por los serotipos 6 y 11, y el condiloma plano y el carcinoma de cérvix asociados a los llamados virus de medio y alto riesgo, principalmente los HPV 16 y 18 (32,33)
Lesiones virales
. No cambia la incidencia de Herpes genital en usuarias
. Mayor incidencia de HPV en usuarias (¿hábitos sexuales?)
. Mayor incidencia de CIN en usuarias (mayor control)
Se detecta una mayor incidencia de infecciones clínicas debidas al HPV entre usuarias de la píldora, aunque es difícil determinar si ésto se debe a los AHO, a factores de sesgo como los hábitos sexuales, a la mayor sensibilidad del virus a los esteroides, o a alteraciones del sistema inmunitario, como planteamos al principio. Por otra parte, se observa un mayor número de mujeres con carcinoma "in situ" entre las usuarias de AHO a largo plazo, a la vez que disminuyen los casos de carcinoma invasor, lo que podría explicarse por el mayor control citológico de estas mujeres (19,29,34).
VIH/SIDA. La principal vía de transmisión del VIII en este momento es la vía heterosexual, siendo más vulnerable la mujer que el hombre -biológica y socialmente- como ocurre en todas las ETS. El riesgo de infección por VIH se ve favorecido por la existencia de otras infecciones vaginales, como las tricomoniasis y las candidiasis, o por la presencia de úlceras genitales como en el caso de la sífilis, chancro blando, o el herpes genital, pudiendo llegar a un RR de 7 en estas últimas (20,35,36,37,38,39). AHO y VIH

. Se recomienda el uso complementario de preservativo
La incidencia de infecciones por VIH entre las mujeres tomadoras de píldora se ve tanto disminuida (RR: 0.6) como favorecida (RR: 4.5). Estos hallazgos plantean la urgente necesidad de investigaciones que nos permitan conocerla realidad científica del fenómeno (39,40,41)
Mientras tanto la Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPF) como la Organización Mundial de la Salud (OMS) han aconsejado no modificar las políticas relativas a los AHO a causa del SIDA, recomendando además el uso de preservativo en mujeres con el riesgo de exposición sexual al VIH (20,42).
Tratamientos de ETS/VIH y AHO. Desconocemos las interacciones de los AHO de baja dosis con los tratamientos de las ETS/VIH que se han incorporado recientemente al arsenal terapéutico, como son las quinolonas, los macrólidos y los antifúngicos orales, por lo que debemos aconsejar siempre el uso complementario de métodos de barrera. Los tratamientos específicos antiVIH como la zidovudina, la zalcitavina y la didanosina no interfieren en la acción de los AHO, pero la información clínica hasta ahora es escasa (19,20).

 

. Los tratamientos antirretrovirales no parecen interferir con la acción de los AHO

AHO Y QUISTE DE OVARIO (QO)

Las masas ováricas son la cuarta causa de ingreso hospitalario femenino por motivos ginecológicos(43). El 65% de las mujeres jóvenes operadas por un quiste de ovario tienen diagnóstico histológico de quiste ovárico funcional. La formación de quistes es muy común, y posible en cualquier momento del ciclo menstrual, cuando el folículo crece (quiste folicular), o más comúnmente cuando se forma el cuerpo lúteo (quiste de cuerpo lúteo)(44). La ecografía es el arma diagnóstica ideal para el ovario, protagonista de la patología ginecológica más difícil de evaluar clínicamente. Mattingly (45) presentó el problema de esta manera hace ya veinte años:


AHO y quiste de ovario
. 65% jóvenes operadas quiste de ovario histológicamente un funcional
"De todas las enfermedades ginecológicas, los tumores anexiales suponen el más difícil de todos los problemas diagnósticos, y ofrecen la menor recompensa por el mayor esfuerzo terapéutico. Extrañamente los tumores ováricos que aparecen más frecuentemente, son habitualmente de naturaleza fisiológica, producen síntomas agudos, y reciben el más radical de todos los tratamientos quirúrgicos. Por el contrario, los tumores malignos de ovario son los más letales de todos los tumores ginecológicos y habitualmente permanecen silentes hasta que son ya intratables".
Hay varios puntos que requieren atención. Primero, si los AHO constituyen una alternativa terapéutica una vez diagnosticado un QO, presumiblemente benigno. Segundo, si los AHO previenen la formación de los QO y si algún tipo de preparado anticonceptivo favorece la formación de QO.

TRATAMIENTO DE QUISTES DE OVARIO CON AHO

Los QO susceptibles de recibir tratamiento con AHO, entran dentro del diagnóstico diferencial de los tumores benignos del ovario (tabla n.° 9).


Tabla 9.
Tumores benignos ováricos

          Quistes ováricos no neoplásicos
                    Folicular
                    Cuerpo lúteo
                    Cuerpo albicans (endosalpingosis)
                    Seroso de inclusión
                    Tecaluteínico
                    Endometrioma
                    Absceso tubo-ovárico
                    Ovarios poliquísticos
          Quiste de paraovario
          Tumores neoplásicos derivados del epitelio celómico
                    Cistoadenoma
                    Tumor de Brenner
          Tumores neoplásicos derivados de células germinales
                    Teratoma (quiste dermoide)
          Tumores neoplásicos derivados del estroma
                    Fibroma
                    Adenofibroma
                    Tecoma
          Ectópico ovárico
          Luteoma del embarazo
La paciente con un QO acude al médico por los signos y síntomas producidos por el mecanismo que generó el tumor, o bien por el efecto mecánico del anejo aumentado de tamaño. Sólo un pequeño porcentaje de tumores benignos son diagnosticados en una mujer asintomática que acude a una revisión rutinaria. Los llamados "quistes funcionales" (tabla n.º 10) pueden ser o no hormonalmente activos y provocar disfunción menstrual.

Un aspecto interesante, cara al posible tratamiento con AHO, es el diagnóstico diferencial de masa benigna/maligna (tabla n.° 11). Una vez detectado el quiste es importante anotar tamaño, consistencia (sólido o quístico), movilidad, relación con otros órganos (útero, recto), forma, simetría, lateralidad, y si la exploración resulta dolorosa o no, especialmente la movilización del cérvix (signo de Prust). La ecografía -método diagnóstico ideal- es sólo un factor más para decidir el manejo del paciente; la sintomatología es la clave. Aunque los hallazgos ecográficos indiquen benignidad, serán obviados casos de síntomas agudos, en favor de la cirugía. La ecografía tiene su mayor beneficio cuando los hallazgos clínicos no han provocado aún la decisión en la mente del ginecólogo (46).


Tabla 10. Quistes ováricos funcionales y actividad hormonal

Tipo de quiste Actividad Hormona

Folicular Posible Estrógeno
Cuerpo lúteo Progesterona
Tecaluteínico Estrógeno
Seroso (inclusión) No No
Cuerpo albicans No No


Tabla 11. Tumores ováricos, benignidad/malignidad

Tumores benignos Tumores malignos

Unilateral Bilateral
Cápsula intacta Cápsula rota
Libre, móvil Adherido a órganos adyacentes
Superficie lisa Excrecencias en superficie
Ausencia de ascitis Ascitis (a menuda hemática)
Peritoneo liso Peritoneo con implantes
Paredes lisas Áreas de hemorragia y necrosis
Quísticos Sólidos, o parcialmente sólidos
Pared interna lisa Papilas intraquísticas
Apariencia uniforme Apariencia abigarrada

AHO y quiste de ovario indicaciones terapéuticas

.Quiste de ovario de aspecto benigno y asintomático
El ginecólogo puede prescribir AHO cuando se detecta un QO. Esta supresión hormonal se oferta para impedir la formación de nuevos quistes que compliquen el seguimiento del paciente; no se administra para "tratar" el quiste. Siguiendo este tratamiento, el quiste original comúnmente desaparece en un lapso de 1 a 3 meses. Los quistes que no regresan en usuarias de AHO, pueden ser resecados quirúrgicamente, aunque los signos ecográficos indiquen benignidad.
Aspectos diagnósticos. Aunque existen notables excepciones: Los quistes funcionales y en general los tumores benignos rara vez superan los 8 cm de diámetro. Están libres y móviles, mientras que las lesiones inflamatorias, la andometriosis y los carcinomas habitualmente están fijos. Los tumores puramente quísticos tienen más probabilidad de ser benignos, mientras que los sólidos tienen más probabilidad de ser malignos. La mayor parte de los tumores benignos son unilaterales, y los malignos bilaterales. Tanto el carcinoma como los tumores benignos sin torsionar no suelen producir molestias en la exploración, a diferencia del absceso, el embarazo ectópico, la torsión y la endometriosis. Las alteraciones menstruales son raras en el cáncer; las reglas irregulares son el síntoma más común de presentación de los quistes funcionales. Un quiste de cuerpo lúteo produce disconfort en fosa ilíaca y menstruación retrasada. Diagnóstico de benignidad del quiste de ovario
. < 8 cm.
. Libre y móvil
. Contenido líquido
. Unilateral
La ecografía no puede proporcionar evidentemente conclusiones "histológicas" del tipo de tumor, ni detectar tumores sólidos menores de 2 cm. de diámetro. Pero sí es útil para distinguir el útero de los ovarios, para diferenciar masa sólida de masa quística, para definir el tamaño, la superficie externa, el grosor de la pared, la estructura interna, la septación, el refuerzo, la neovascularización (si se dispone de doppler) del quiste, y para el seguimiento del tamaño en actitudes expectantes.
Los marcadores tumorales ováricos son en general mucinas y otras glicoproteínas, y se consideran marcadores de especificidad interme dia; (47) es decir tienen una sensibilidad moderada no detectándose en los estadios iniciales del tumor, y pueden detectarse en pacientes con patologías benignas (absceso tubo-ovárico, endometriosis o salpingitis). La evolución en el tiempo marca la diferencia. En el cáncer de ovario resulta útil el CA 125 principalmente.


. Limitación del CA 125

Pero en lo que nos ocupa, la utilidad es limitada ya que aunque esté elevado, puede tratarse de una endometriosis, y si es normal pero el quiste es sólido se requerirá exploración quirúrgica.
Quistes ováricos funcionales. Consisten en colecciones seculares llenas de líquido y envueltas por una capa simple de células. Se forman como resultado de la ovulación. La maduración folicular puede resultar en quiste folicular antes de la ovulación, o en quiste luteinico después de ella (incluso en ausencia de embarazo). Ocurren casi exclusivamente en mujeres con regla, y se resuelven espontáneamente en 1 a 3 meses. Un folículo mayor de 3 cm. en una mujer que no toma AHO, no puede ser considerado fisiológico (46). La mayoría de mujeres permanecen asintomáticas, aunque pueden referir una sensación de peso, y de plenitud acompañada de dispareuoía. Las reglas son irregulares por retrasos e indoloras. Los síntomas ceden con la resolución del quiste. Raramente miden más de 5 cm.; si crecen más pueden torsionarse y provocar un abdomen agudo.

En quistes ováricos funcionales


. Foliculares
. Luteínicos

Están indicados los AHO
Los quistes foliculares tienen habitualmente una capa externa de células de la teca, y otra interna de células de la granulosa. Si son muy grandes, la presión del líquido puede aplastar las células, y el patólogo no reconocer el origen del quiste, informando como "quiste simple". Los de cuerpo lúteo muestran las células de la granulosa luteinizadas y tejido conectivo.
El tratamiento será quirúrgico cuando se presenten como abdomen agudo por torsión o ruptura, cuando el tamaño sea superior a 8 cm., o cuando persisten tras dos o tres meses de tratamiento con AHO. En el resto de casos se puede tomar una actitud expectante y tratar con AHO si no desaparecen, o bien iniciar desde el principio AHO, ya que las pacientes a menudo se quedan más tranquilas cuando se prescribe "algún" tratamiento.
Quistes teca-luteínicos. No son tan comunes como los descritos anteriormente. El ovario muestra múltiples quistes foliculares que contie nen células de la teca luteinizadas. Ocurren cuando el ovario es hiperestimulado y se ven en ciertas situaciones clínicas (gemelos, gestación molar, hiperestimulación ovárica, hydrops fetalis, gestosis). Clínicamente se presentan como presión o dolor y masa pélvica que puede alcanzar un tamaño considerable. El tratamiento con AHO no tiene sentido ya que es una situación aguda que requiere reposo en cama, evitar coito, analgésicos tipo paracetamol, y evitar diuréticos. Los casos graves pueden requerir hospitalización, corrección hidroelectrolítica e incluso paracentesis evacuadora.

 

Quistes teca-luteínicos
. Hiperestimulación ovárica
. No indicación AHO

Quistes serosos de inclusión. Son comunes en la postmenopausia aunque se pueden encontrar en el período neonatal y durante toda la vida. No tienden a ser grandes, son uniloculares, de pared fina, contenido acuoso y como no son funcionales no producen hemorragia o alteraciones menstruales. No se modifican con el tratamiento AHO Quistes serosos de inclusión

. Más frecuente en postmenopausia
Quistes de paraovario. Son quistes simples que emergen del ligamento ancho y derivan de los remanentes de los conductos paramesonéfri cos o mesonéfricos. Un pequeño porcentaje aparecen como quistes peritoneales de inclusión. La mayor parte son asintomáticos y se descubren en una revisión de rutina. La función menstrual es normal. Lógicamente no se benefician del tratamiento con AHO. Quistes de paraovario

. Congénitos
Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP). Descrito por primera vez por Stein y Leventhal en 1935. Actualmente en debate cualquier aspecto patofisiológico de este cuadro, omnipresente en ponencias de la especialidad, sobre todo en endocrinología ginecológica y fertilidad. En ecografía aparecen como múltiples folículos, atrésicos, poco desarrollados, en un ovario aumentado de tamaño con hipertrofia del estroma. Clínicamente las mujeres tienden a ser hirsutas, obesas, y oligomenorreicas. El perfil hormonal es típico: secreción de gonadotropinas inapropiada (LH/FSH 3:1), exceso de andrógenos (testosterona) y de sulfato de dehidroepiandrosterona en la mitad de las pacientes.


Síndrome de ovario poliquístico

 

 

Poliquistosis ovárica y AHO

El tratamiento con AHO está justificado si la paciente no desea gestación y es hirsuta. Los AHO, en especial con acetato de ciproterona, suprimen la esteroidogénesis ovárica, la producción de andrógenos y disminuyen la LH. Si la paciente no es hirsuta y no está expuesta a embacon razo, o no desea AHO, una alternativa son los gestágenos.

El resto de quistes listados en la tabla n.° 9 no se benefician de la terapia con AHO.

Indicaciones
. No deseo de gestación
. Hirsutismo
. Acné

Elección del preparado AHO embacon acetato de ciproterona en caso de hirsutismo

Salvo que dispongamos de un ecografista avezado, es difícil diferenciar un quiste funcional, de uno de paraovario, de inclusión, o de un cistoadenoma seroso. Si el diagnóstico se realiza en mujeres ya en tratamiento con AHO, la indicación es laparoscopia quirúrgica o punción ecoguiada. Cuando la paciente no toma AHO se nos presenta un dilema, ya que por un lado gran parte de los quistes funcionales desaparecen solos, y por otro los quistes no funcionales, no van a desaparecer a pesar de los AHO.

La literatura tampoco ayuda demasiado ya que no hay estudios caso-control correctamente diseñados, o bien tienen pocos casos. En 1973 Spanos (48 ) demuestra en una serie de 286 pacientos con quistes funcionales ováricos, tratadas durante seis semanas con una variedad de combinaciones hormonales, la resolución completa de los mismos.

Quistes de ovario que no se benefician de los AHO

. Quistes tecaluteínicos
. Quistes serosos de inclusión
. Quistes de paraovario
Steinkampf (49) en 1990 diseña un estudio para determinar la eficacia de los AHO en la resolución de los quistes funcionales. Utiliza 48 mujeres infértiles procedentes de un programa de inducción de ovulación a las que se les había identificado un quiste por ecografia vaginal. La mitad siguieron pauta expectante, y la otra mitad tratamiento con AHO. En 6 pacientes la imagen persistió después de 9 semanas; resultaron ser 3 endometriomas y 3 hidrosalpinx. De las restantes pacientes todos los quistes se resolvieron al cabo de 9 semanas en ambos grupos. El autor concluye que los AHO no son más efectivos que "esperar", en el tratamiento de los quistes de ovario, pero reconoce las limitaciones del diseño que incluía exclusivamente mujeres procedentes de ciclos estimulados.

 

 

Tratamiento de quistes funcionales con AHO

En 1994 Turan (50) en un trabajo mejor diseñado, pero con pocos casos por grupo, estudia en 80 mujeres con quistes ováricos simples, entre 3 y 6 cm. de diámetro, el efecto de AHO monofásico de baja dosis de estrógeno, AHO monofásico de alta dosis, AHO multifásico, y no tratamiento. Sus resultados (tabla n.° 12), indican que el tratamiento con AHO no obtiene mejores resultados que el manejo expectante, aunque sólo el 76% de los quistes del grupo sin AHO, desaparecieron a las 5 semanas.
QUISTES DE OVARIO DURANTE EL TRATAMIENTO CON AHO
Los resultados de estudios clásicos de cohortes sugerían que el uso de anticonceptivos monofásicos se asociaba a una disminución sustancial del riesgo de padecer quistes ováricos funcionales (51), mientras que el uso de AHO que contienen sólo gestágenos se asociaba a un aumento de dicho riesgo (52). Además en esos años, Caillouette (53) alertó -tras recoger siete casos- del posible riesgo de formación de quistes en usuarias de trifásicos y "la consiguiente amenaza para la salud y la seguridad de esas pacientes". Pero dos años más tarde, en 1989, Grimes (54) analiza las tasas estatales norteamericanas de hospitalización en mujeres diagnosticadas de quistes, y el uso de trifásicos; concluye que no hay asociación entre ambos, aunque esta valoración indirecta no permite confirmar ni rechazar la postulada asociación entre quistes y consumo de trifásicos. Sugiere que en caso de existir tal relación, el impacto en la red de salud pública no es tan grande como alertó Caillouette. Pero algunos de estos trabajos incluían sólo casos quirúrgicos, no representativos por tanto del total de quistes en términos de consumo de AHO; las formulaciones eran las antiguas, y no se habían introducido plenamente los trifásicos (51). Estos aspectos han suscitado estudios en los últimos años para dilucidar la relación entre los quistes funcionales y el tipo de AHO. Quistes de ovario durante el tratamiento con AHO
Dos estudios epidemiológicos (55,57) indican una progresiva disminución en la incidencia de quistes funcionales, proporcional a la disminución de dosis de esteroides en los AHO. Holt (55) en un estudio caso-control de 106 casos con diagnóstico de quiste de ovario y 255 controles, encontró que, comparando con las mujeres no usuarias de AHO, el riesgo relativo (RR) de diagnosticar un quiste de ovario entre usuarias de monofásicos fue 0.8, y 1.3 para las usuarias de trifásicos. Concluye que los monofásicos de baja dosis tienen un leve o ausente efecto en la formación de quistes, y que estadísticamente no es significativa la diferencia respecto a los trifásicos. El diseño de este estudio fue criticado por Robinson (56). Lanes (57) en un estudio de cohorte incluye 32 mujeres con diagnóstico de quiste ovárico funcional. En comparación con las no usuarias (1.0), encuentra tasas decrecientes entre las usuarias de trifásicos (0.91), monofásicos a dosis de 35 mcg. (0.52), y monofásicos de > de 35 mcg. (0.24). Concluye que el efecto protector de los quistes de ovario se atenúa con las nuevas formulaciones. Las diferencias monofásico/trifásico no tienen peso estadístico. En otro estudio posterior, Grimes (61) encuentra resultados similares; estudia 40 pacientes distribuidas en cuatro grupos, como Lanes (57) , durante seis meses de tratamiento. El RR de desarrollar una estructura folicular mayor de 30 mm. fue 0.5 en monofásicos de alta dosis, y 1.3 en trifásicos (comparable al de monofásicos de baja dosis). . Las usuarias de AHO tienen menor riesgo de desarrollar un quiste de ovario
En otros estudios (58,59) sin embargo, los resultados son opuestos. Egarter (58) en 65 voluntarios distribuidos aleatoriamente en dos grupos (20 y 35 mcg.) no encuentra diferencias entre ambos en la protección de quistes funcionales. Young (59) realiza un estudio aleatorio, doble ciego, con placebo para comparar la incidencia, riesgo, tamaño y tiempo de resolución de folículos ováricos en mujeres sanas que tomaban monofásicos, trifásicos o placebo durante tres ciclos consecutivos. El 63% del grupo placebo desarrolló folículos mayores de 18 mm. en comparación con 39% y 23% de trifásicos y monofásicos respectivamente. Concluye que no hay diferencias significativas en la incidencia de folículos mayores de 18 mm. entre los tres grupos, que el riesgo de desarrollar folículos no es diferente, que el tamaño máximo y la media de tamaños no es diferente entre usuarias y no usuarias, y que el tiempo de resolución no es menor en ciclos con AHO. Sus observaciones respecto al crecimiento folicular coinciden con las realizadas por Killick (60) en 1987. . No hay diferencias significativas entre el uso de preparados mono y trifásicos
Todos los trabajos coinciden en que, aunque con trifásicos aparecen más quistes, no hay diferencias estadísticamente significativas respecto a los monofásicos. Crosignani (62) en 51 mujeres sanas (22 con trifásico, 29 con monofásico de 20 mcg.) monitoriza 86 ciclos para estudiar la posibilidad de ovulación según ecografía vaginal, nivel de E2 Y progesterona, y crecimiento folicular. La frecuencia de folículos fue similar durante el 31-41 ciclo (9%), y durante el 61-81 (11%) en ambos grupos. No había relación entre el crecimiento folicular y los niveles de estrógeno o progesterona. Concluye que durante la terapia con AHO puede haber alguna actividad ovárica, pero sin ovulación.
Con respecto a los olvidos de píldoras, según Letterie (63) en un estudio en mujeres que solicitaron reanastomosis tubárica, parece que el olvi do de hasta cuatro píldoras en diferentes partes del ciclo, no modifican el grado de supresión hipofisaria, y no fueron detectados quistes funcionales en ningún caso. Asumiendo la hipótesis contraria, Spona (64) observa que las diferencias en los niveles de E2, y crecimiento folicular entre tomar 21 o 23 pastillas, sugiere que acortando el intervalo libre entre envases aumenta la seguridad contraceptiva en usuarias de AHO de baja dosis (20 mcg). . No hay aumento de quistes funcionales en relación con olvidos de píldoras
En conclusión, el manejo de una masa anexial implica varios pasos (65): establecer el diagnóstico de quiste ovárico, excluir malignidad, evitar la yatrogenia quirúrgica en quistes funcionales, saber que éstos pueden persistir hasta 3 meses y que pueden ocurrir incluso en tratamiento con AHO, tratar los quistes funcionales sintomáticos con punción-aspiración ecoguiada o laparoscopia quirúrgica, tratar los quistes asintomáticos persistentes con el menor trauma quirúrgico

Conclusión
. Preciso excluir malignidad
. Evitar yatrogenia
. Quistes asintomáticos se pueden dar AHO

Respecto al tratamiento de un quiste de ovario asintomático con AHO, dadas las escasas evidencias y la falta de acuerdo entre los estudios, tan adecuado es esperar como administrar AHO. En el primer caso, si el quiste no desaparece, tendremos que prescribir AHO antes de adoptar una actitud quirúrgica. En el segundo caso puede que el quiste también hubiera desaparecido solo. En cualquier caso va a depender también de las características de la paciente, de su preocupación y ansiedad. La decisión será consensuada.
Algunas enfermedades poco frecuentes pueden beneficiarse de los AHO, incluso desde la adolescencia. Tal es el caso de la hemofilia A, en la que además del tratamiento etiológico con factor VIII, los AHO previenen la complicación hemorrágica en chicas propensas a desarrollar quistes de ovario (66). . Hemofilia A. Los AHO previenen posibles complicaciones hemorrágicas
. En pacientes con angioedema hereditario se han encontrado niveles elevados de beta endorfina durante los ataques y los períodos asintomáti cos, de igual forma que en sujetos con SOR Perricone (67) desribe un alto porcentaje de ovarios quísticos (tanto poliquísticos como multifoliculares) en estas pacientes, que también serían susceptibles de tratamiento con AHO. . El Angioedema Hereditario es susceptible de beneficiarse de los AHO

MIOMAS Y AHO

Los miomas (leiomiomas) representan el tumor ginecológico más frecuente. Tradicionalmente se ha descrito que están presentes en el 20% de las mujeres por encima de 35 años, pero su presencia en el 50% de las autopsias, sugiere una frecuencia mayor (68). Pueden ser únicos, pero más comúnmente múltiples. La sintomatología depende del tamaño y la localización. Son más comunes durante la vida reproductiva, y en la raza negra. Durante el embarazo aumentan la frecuencia de aborto espontáneo, malformaciones fetales, y hemorragia puerperal. En la menopausia suelen regresar.

 

Miomas y AHO

. Es el tumor ginecológico más frecuente
. Origen en células del músculo liso
. Transformación maligna es muy rara

Se acepta que provienen de células de músculo liso del útero, aunque es probable que también en algunos casos procedan del músculo liso de los vasos sanguíneos uterinos. Se ha detectado una mayor cantidad de receptores estrogénicos en los miomas que en el miometrio adyacente. La transformación maligna es muy rara (0.5%).

El tratamiento va a depender del tamaño y la sintomatología.

Hay que analizar dos aspectos: si el uso continuado de AHO influye en la aparición de miomas, y si una vez diagnosticado un mioma se pueden utilizar o no los anticonceptivos orales.
La creencia común de que los miomas aumentan de tamaño durante la gestación, y algunos artículos (69), han hecho pensar que los AHO juegan un papel importante en el desarrollo de miomas. Sin embargo los pocos estudios epidemiológicos bien diseñados, sugieren justo lo contrario. El seguimiento del Oxford Family Planning Association Study muestra una disminución (70) de 20-30% en el riesgo de miomas en consumidoras de AHO, aumentando con la duración de uso. Estos estudios han sido criticados (71) en base a sesgos de indicación, ya que clásicamente los AHO se consideraban contraindicados ante la presencia de miomas. El mayor sesgo potencial en estos estudios es la selección de casos; los miomas se van a diagnosticar más frecuentemente en mujeres con estudios porque acuden más a menudo al ginecólogo, al igual que las que consumen AHO. Parazzini(72) evita este sesgo considerando únicamente miomas que precisaron cirugía. Sugiere que el uso de AHO ni favorece ni protege la aparición de miomas en base a los resultados. Realiza un estudio caso-control en 390 mujeres con confirmación histológica de mioma, y 1.136 controles (78 casos (20%) y 200 controles (18%) consumían AHO). No hay relación con la duración de uso ni interacciones con otras covariables. Menor riesgo de aparición de miomas uterinos en usuarias de AHO
Ross (70) en 1986, explica esta protección según la teoría del "estrógeno sin oposición". Cualquier factor que aumente la exposición del miometrio sólo a estrógenos (como el exceso de peso) tiende a aumentar el riesgo de mioma, mientras que factores que disminuyen la exposición, o aumentan los niveles de gestágenos, como los AHO, la paridad o el tabaco (73) disminuyen el riesgo. Sin embargo en el papel de la obesidad y el tabaco los datos son contradictorios
Además, aunque la paridad ejerce un efecto protector (70), la observación clínica de crecimiento de miomas durante el embarazo podría sugerir que los esteroides aumentan el riesgo de mioma. Sin embargo estudios prospectivos de miomas en embarazo (74) no confirman este supuesto aumento de riesgo
Recientemente Samadi (75) para analizar factores de riesgo en el desarrollo de miomas, analiza los datos de 201 mujeres que refieren historia de mioma, y 1.503 controles pareados por edad. Confirma resultados anteriores y aporta otros nuevos sobre el peso corporal. Los miomas aparecen más frecuentemente en mujeres premenopáusicas y mujeres con frecuentes citologías, que en postmenopáusicas, o en mujeres con menos citologías. Tabaquismo y lactancia se asocian inversamente pero no de forma significativa. En mujeres usuarias de AHO, depende de la frecuencia de la citología; entre las mujeres con menos citologías la frecuencia aumenta con el uso de AHO, mientras que en mujeres con citologías frecuentes se ven 4:1 veces más fibromas tanto en usuarias como no usuarias de AHO (esto probablemente obedece al anteriormente mencionado sesgo de selección ya que las mujeres que más tiempo han usado AHO, se han hecho más revisiones y es más probable la detección de miomas). En las fumadoras, el riesgo depende del índice de masa corporal; mujeres delgadas fumadoras tienen riesgo menor, y en mujeres obesas fumadoras no hay asociación. Aparecen más miomas en mujeres con alto nivel educativo.
Respecto a la administración de AHO en mujeres con diagnóstico de mioma, no existen muchos estudios publicados y son del mismo autor. Friedman (76) estudia 87 mujeres con mioma para determinar si los AHO de baja dosis afectan el tamaño y la cantidad de regla; 55 toman AHO, y 32 no. Concluye que en la mayoría de mujeres con mioma, los AHO proporcionan el beneficio de reducir la cantidad de regla, sin aumentar el tamaño del tumor. Estas conclusiones figuran referenciadas en varios artículos y manuales de contracepción de reciente publicación (77), aún cuando cinco meses más tarde el autor se retracta de sus conclusiones en la misma revista (78), sin concretar las razones que según él invalidan el estudio. Mioma uterino y administración de AHO

. El uso de AHO resultaría beneficioso en mujeres diagnosticadas de mioma, al reducir la pérdida menstrual, sin aumentar el tamaño del tumor

Los AHO resultan útiles en el tratamiento de hemorragia vaginal aguda de un mioma uterino tratado previamente con agonistas de la GnRH (79). En casos raros, la administración de GnRH para reducir el tamaño del mioma produce una degeneración aguda submucosa del mismo, posiblemente relacionada con la rápida inducción del hipoestrogenismo (80). La hemorragia puede ser muy profusa y los AHO (30 mcg.) administrados 3-4 veces/día revierten el cuadro en 24-48 horas recuperando el hemograma cara a una presunta intervención.

Los AHO administrados de forma secuencial con ánalogos de GnRH, no resultan de utilidad para mantener la reducción de volumen del mioma lograda por los análogos; en cuanto cesa la terapia con el análogo, el mioma recobra su volumen originario (81).

Los miomas abigarrados (bizarre leiomyoma en la literatura inglesa) tienen naturaleza benigna, y su tratamiento es similar al resto de miomas (82).

La leiomiomatosis peritoneal diseminada(LPD), es un cuadro muy rara, habitualmente benigno, que clínicamente simula un carcinoma diseminado. Ocurre predominantemente en mujeres en edad reproductiva y se presenta durante el embarazo o en mujeres que consumen AHO (83 ). Aunque no siempre es así (84). Se han descrito 50 casos en la literatura, de los cuales sólo 2 han progresado a leiomiosarcomas. La mayor parte de LPD regresan cuando la gestación termina, si han coincidido con ella. La participación de los AHO no es clara, y dada la escasa incidencia y prevalencia es difícil sacar conclusiones respecto a su uso en este cuadro.

 

Leiomiomatosis peritoneal diseminada

No está clara la participación de la AHO

ENDOMETRIOSIS Y AHO

Endometriosis es la presencia de glándulas endometriales o estroma fuera del útero. Puede ocurrir en los siguientes sitios, en orden decreciente de frecuencia: ovarios, ligamentos uterinos, septo recto vaginal, peritoneo pélvico, cicatriz de laparotomía, y más raramente en ombligo, vagina, vulva o apéndice. Las manifestaciones clínicas consisten en hemorragia intermenstrual, dismenorrea, dolor pélvico e infertilidad. Afecta a mujeres en edad reproductiva, más a menudo en la tercera y cuarta décadas.

Endometriosis y AHO
. Presencia de glándulas endometriales o estroma fuera del útero
. Clínica:
Hemorragia Dismenorrea
Dolor pélvico Infertilidad
La verdadera incidencia es desconocida. La mayor aproximación son los diagnósticos de alta hospitalaria en mujeres entre 15 y 64 años; 4 de 1.000 mujeres ingresan cada año por esta causa. La prevalencia en la población general es de 5%, pero alcanza el 50% en mujeres infértiles o jóvenes con dolor pélvico intratable estudiadas por laparoscopia. Tras la sospecha clínica, la laparos-copia confirma el diagnóstico y establece el estadiaje (85).

Sospecha clínica
ll
Laparoscopia

Al igual que con los QO, o los miomas hay que tener en cuenta dos aspectos. Primero, si los AHO suponen un riesgo aumentado de desarrollar endometriosis. Segundo, si una mujer con endometriosis se puede beneficiar de la terapia con AHO.
Hay trabajos para todos los gustos, lo que demuestra una falta de consenso en la literatura respecto a la asociación entre el uso de AHO y endometriosis. En algunos estudios el riesgo de enfermedad es menor entre las usuarias (86,87) mientras que en otros es mayor (88), y otros no encuentran asociación (89,90). Sangi-Haghpeykar (91) en un trabajo más reciente, encuentra que el uso actual de AHO ejerce efecto protector frente a la enfermedad, odds ratio (OR) 0.5% (95% CI). También describe que la duración de uso no se relaciona con la endometriosis. Sin embargo existe una tasa más baja, especialmente de implantes profundos, entre las usuarias actuales sugiriendo que el efecto protector de los AHO puede ser de naturaleza transitoria. Aunque esta falta de beneficio a largo plazo se deba probablemente a un sesgo de selección, ya que el estudio lo lleva a cabo en 126 (3.7%) mujeres con andometriosis y 504 controles de un total de 3.384 mujeres multíparas ingresadas para esterilización tubárica laparoscópica, y este grupo de mujeres tiene un grado más leve de enfermedad. Similares resultados se habían presentado con anterioridad (92).

 

. El uso de AHO ejerce un efecto protector transitorio frente a la aparición de endometriosis

Los AHO son una opción terapéutica en el manejo de la endometriosis. Esto es así tanto en estadíos leves (I,II), en mujeres sin deseo gesta cional -que además se pueden beneficiar del presunto efecto protector de los AHO frente a la enfermedad (86,87,91,92)- como en estadíos avanzados (III,IV) como tratamiento de continuación después de cirugía, análogos, danazol o gestrinona.

Además según Nezhat (93) los AHO son útiles en el tratamiento médico de quistes de ovario en mujeres con historia de endometriosis. Con 35 mcg. desaparecen el 55.6%, y con 50 mcg. el 57.1%.

Indicaciones del uso de AHO en la endometriosis

. Estadíos iniciales
. De continuación tras cirugía (estadíos 111-IV)
. No deseo de gestación

AHO EN NEOPLASIAS GENITALES Y MAMARIAS
No es excepcional la necesidad de establecer un tratamiento con AHO en mujeres con alteraciones preneoplásicas o neoplásicas. Esta situación se nos puede presentar en la clínica con nuestras propias pacientes, o con mujeres remitidas por otros especialistas, generalmente oncólogos clínicos. Ante esta situación, con frecuencia puede plantearse la duda de cómo actuar y la tentación de buscar referencias en la literatura acerca del enfoque clínico del problema. Lo cierto, es que existen numerosas referencias y estudios dirigidos a conocer el impacto que los AHO ejercen sobre la incidencia de las diferentes neoplasias genitales y mamarias, pero son excepcionales aquellas que realizan un enfoque clínico práctico. AHO y neoplasias genitales y mamarias
Dentro del conjunto de mujeres tratadas de lesiones pre y neolásicas sólo serán usuarias potenciales de AHO aquellas que aún conserven íntegro el aparato reproductor y su capacidad de fertilización. Esto ocurre fundamentalmente en mujeres jóvenes en las que se realizan tratamientos conservadores de las neoplasias porque el proceso no exige un tratamiento radical (VIN, CIN, hiperplasias endometriales), por el expreso deseo de la mujer de conservar su capacidad reproductora, o en mujeres que son tratadas de una neoplasia mamaria estando aún en edad fértil.

En la práctica, la administración de AHO a estas mujeres debe de enfocarse de manera consensuada con la paciente, en función de su pato logía específica, sus necesidades y su proyecto reproductivo futuro. En principio, no constituyen una contraindicación para los AHO la historia personal de haber padecido una neoplasia vulvar intraepitelial (VIN), o un carcinoma invasor de vulva (este último excepcional en mujeres en edad reproductiva), el antecedente de haber presentado una hiperplasia endometrial, o un carcinoma de ovario tratado de forma conservadora. En todos estos casos podría utilizarse un anticonceptivo oral.

Las mujeres tratadas de una neoplasia cervical intraepitelial grado III (CIN III), actualmente no constituyen una contraindicación para los AHO (94), si bien es preciso monitorizar, mediante citología periódica, la vigilancia del cérvix residual.

No se contraindica el uso de AHO en:
. Neoplasia intraepitelial vulgar (VIN)
. Cáncer escamoso de vulva
. Neoplasia intraepitelial cervical (CIN)
. Hiperplasia de endometrio
. Cáncer de ovario (tratamiento conservador)
El grupo de mujeres con antecedente de cáncer de mama es, posiblemente, el colectivo que con más frecuencia va a requerir nuestro consejo anticonceptivo. Teniendo en cuenta las evidencias epidemiológicas existentes (95) y el amplio arsenal anticonceptivo del que disponemos en la actualidad, los AHO no deberían ser nunca el tratamiento de primera elección. Sin embargo, de ésto no debe deducirse que el cáncer de mama es una contraindicación absoluta (en todo caso relativa). De hecho, Stoll (96) utilizó, ya hace algunos años, los AHO para tratar la sintomatología climatérica de mujeres con antecedente de cáncer de mama, observando en ese grupo una supervivencia incluso mayor que en el grupo control. En cualquier caso, debemos ser muy cautos y restringir la utilización de los AHO a aquellas situaciones en las que no sea posible otra alternativa más aceptable, y siempre que el tumor tenga receptores estrogénicos negativos. AHO y cáncer de mama
. No método de primera elección
. No contraindicación absoluta
. Indicación individualizada
. Tumor con receptores estrogénicos negativos
En la enfermedad trofoblástica; tanto en la Mola Hidatiforme, como en el Coriocarcinoma, los AHO se han mostrado como el método anticonceptivo más eficaz y, actualmente, se le considera de primera elección en este tipo de procesos.

AHO y mola hidatiforme coriocarcinoma

. Método de elección

Debemos considerar seriamente la trascendencia que tiene ofertar un método anticonceptivo seguro a mujeres que desean mantener íntegra su capacidad reproductora, pero que transitoriamente tienen que someterse a terapéuticas de alto riesgo teratógeno, como la quimioterapia y la radioterapia. En ningún caso debemos eludir la responsabilidad y dejar a una mujer en esta situación, sin protección anticonceptiva argumentando como justificación la escasez de datos y de experiencia disponibles al respecto, ya que las consecuencias de esta omisión podrían ser mucho más graves para la paciente. Tampoco debemos olvidar que en muchos de estos casos hay que establecer una estrategia de controles, consensuada con el oncólogo. Finalmente, en todos los casos analizados anteriormente no existe ninguna contraindicación para el empleo coyuntural de intercepción con anticonceptivos orales.

. Valoración riesgo-beneficio

. Necesidad de método anticonceptivo más seguro

. No contraindicada la intercepción postcoital


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